Mientras
el Ministerio de Relaciones Exteriores nombra figuras públicas sin experiencia
consular como embajadores, abre centros lúdicos para los jóvenes víctimas del
conflicto (Acto que no le compete) y despilfarra presupuesto; Los límites de la
nación peligran y la diplomacia del país se deteriora.
En los últimos diez años, las Relaciones Internacionales de Colombia se han visto ofuscadas por diversos tropiezos diplomáticos, destacando las crisis continuas con Ecuador en el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, los diferendos territoriales con Venezuela a la altura del golfo de Maracaibo y el diferendo limítrofe entre Nicaragua y Colombia; siendo el último caso el más polémico y conocido por la comunidad colombiana, donde el país sandinista demandó a Colombia exigiendo la totalidad del Archipiélago de San Andrés y Providencia, sus cayos adyacentes y su Mar Territorial. En el 2007, la Corte Internacional de la Haya ratificó la soberanía colombiana del territorio insular; pero en el 2012 falló a favor de Nicaragua otorgándole aproximadamente 90.000 kms² de plataforma marítima. Si bien la frustración por lo acontecido es alta, gran parte de la sociedad (por no decir la mayoría), ignora las falencias de la estrategia diplomática utilizada en el diferendo y nunca se ha preocupado por profundizar en la labor de la cancillería en los asuntos internacionales Colombianos.
Según la ley 489 de 1998 y el decreto 3355 de 2009, entre las funciones del ministerio de relaciones exteriores se destaca la atención a las necesidades e intereses del país con los demás Estados y Organismos Internacionales, la ejecución de los diversos proyectos (CORRESPONDIENTES A SU SECTOR) y la atención diplomática de los colombianos en el exterior, entre otros. En ese sentido, vale la pena preguntarse por qué la Cancillería de la República ha invertido 680 millones de pesos en casas lúdicas en zonas del Chocó y de Córdoba cuando su función debe corresponder a su sector (las Relaciones Exteriores) y no a problemas internos cuya solución debería estar en manos de otras entidades.
Entretanto, para muchos internacionalistas, juristas, politólogos y economistas (entre otros), la carrera diplomática se ha convertido en un atractivo profesional en el cual el Estado Colombiano brinda la posibilidad de un periodo de formación para iniciar la carrera consular con el Estado. Internamente, el régimen especial está jerarquizado para sus funcionarios de la siguiente manera: tercer secretario, segundo secretario, primer secretario, consejero, ministro consejero, ministro plenipotenciario y embajador (siendo el tercer secretario el menor rango y el embajador el de mayor). Entre más alto es el rango, más alta es la remuneración salarial. Lo curioso del asunto, es que la asignación de embajadores no siempre está en manos de la cancillería: Son el Presidente, algunos 'Honorables' Congresistas y los burócratas del país quienes designan como representantes en el exterior a personas sin experiencia consular y sin carrera diplomática (libre nombramiento), reduciendo los espacios laborales de quienes se han formado con el ministerio y han ascendido con dedicación, lo que también ha producido un sobrecosto al tener que ser desembolsado el mismo salario a los consulares con rango de embajador que no ejercen como embajadores y a los embajadores sin experiencia previa. Para concluir, cabe destacar las muchas inconsistencias con los procesos de manejo de recursos desde mucho antes del 2011 donde se encontraron contratos sin licitación e irregularidades.
Evidentemente la crisis diplomática del país trasciende del problema con Nicaragua, la nación de la chicha, el vallenato y la diversidad padece el oportunismo político de unos pocos, quienes ocupan y reparten cargos en el exterior para escapar de la justicia colombiana; manipulan los recursos designados para fines personales y se olvidan de la necesidad de óptimos procesos internacionales por su ambición y autocracia. Por otro lado, los medios han ignorado, ignoran e ignorarán las inconsistencias descritas al ocultar la realidad de todo un país, idiotizando al ciudadano del común y haciéndole olvidar la perdida de territorio, de recursos y de soberanía por medio de realities, partidos de fútbol o telenovelas importadas de países asiáticos. Seguiremos perdiendo mares, golfos, cayos y recursos mientras estos hechos sean permitidos por los gobernantes y por los colombianos en primera instancia.
"Cada pueblo elige su destino y obtiene lo que se merece".
Para la retroalimentación:
*cancillería interviene en oficinas de DD.HH
*Acciones del Gobierno tras el fallo de la Corte de La Haya
*Continua la incertidumbre después del fallo de La Haya

Muy bien David querido. Gracias por compartir esta magnífica nota. un abrazo.
ResponderEliminarMartha Lucía Cuéllar